Soledad
Muchos son los que me oyen, y pocos los que me escuchan. Muchos me ven, pero nadie me mira, muchos me hablan, pero nadie me dice nada. Soledad, soledad y nada más que soledad. Mis recuerdos están llenos de silencio, melancolía, penumbra...
En un patio que se duerme entre suspiros de alhelíes y madreselvas, despierto como manzano silvestre atormentado por la cal que me esclaviza. Una tempestad de caricias agita mis cansadas ramas, y ellos se besan. Se dedican miradas, rasgadas de mi tierna corteza que arde de amor, y después...soledad, soledad y nada más que soledad.
Como laurel apolíneo, mis lágrimas de hiel avivan mi condena y paso de ser manzano a hojaranzo.
Ahora, cansado y fatigado, mis penas son como violetas de agua, que flotan a la deriva en el mar de mis pesares. En este invierno tardío, la escarcha de la hortensia se encarama a los surcos de mi aspereza. Soledad, soledad, tan sólo soledad.
Siento frío, la nieve cubre por completo mis ramas y el viento silba estremeciendo mis hojas, que caen...caen...y más frío, soledad, soledad, soledad...
autor: Raul Cortabarra Gordillo
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