Relato corto
El camino de los eucaliptos
Cerró los ojos e inspiró profundamente. Aquel aroma a canela y jenjibre la transportó de golpe a recuerdos enterrados bajo capas y capas de olvido. Un camino polvoriento se abrió paso en su memoria. A cada lado, campos verdes salpicados de algodones, como si las nubes se hubieran derramado a pedacitos sobre aquel lugar. A lo lejos una antigua alberca conservaba aún la frescura de aquellas tardes de verano, de aquellos paseos en la bicicleta roja, tantos años primorosamente guardada en el desván. Al fondo se levantaba el viejo molino de aceite, con sus ruedas de piedra a la entrada que servían de banco improvisado para las charlas nocturnas a la luz de las farolas. Bolsas de pipas y cucuruchos de altramuces alternándose entre breves pero intensas historias de amor junto al parque. El tiempo pasaba despacio entre aquellas aceras rojas y blancas, en aquellas siestas en la azotea... Giró hacia el este en sus recuerdos y pudo ver de nuevo las escapadas al camino de los eucaliptos, las toallas revueltas y las altas sombras que mecían al viento los susurros compartidos. Y más al sur, una calle que baja despacito, una casa de paredes blancas y patio con macetas. Tortas de chocolate y vasos de leche en la mesa. Y esa calidez de saberse en familia, de sentirse en casa, a salvo. Allí, donde empiezan y acaban los recuerdos de una época marcada por tantas ausencias, por tantos anhelos... Abrió los ojos, suspiró en silencio y bajó del tren.


Meneame
del.icio.us





