Callejón

Sus pasos los conducían por calles sin nombre, por lugares tantas veces visitados por enamorados, tantas veces profanada la solitaria quietud de sus silencios. Fueron a dar a un triste callejón cómplice de sus amores. Una silla, unas plantas, una puerta, un patio y un tablón sobre el que quedaron reflejados sus cuerpos, sus manos. La gente pasaba por la boca del callejón mientras la tranquilidad era rota por los besos y pasiones de dos jóvenes enamorados.
Las luces apagadas son el cómplice perfecto para dos almas encontradas. Nadie se molesta siquiera a mirar a derecha o izquierda al paso por la boca del callejón. Parece invisible a la mirada de las personas que despistadas pasan por él, pero para ellos es un lugar mágico, un lugar sagrado donde poderse amar lejos de las miradas acusadoras de la gente corriente.
Tras su paso, otros vendrán, otros se amarán en el mismo callejón, en el mismo punto ciego de las calles sin nombre. Su solitaria huella en el callejón, queda reflejada en el tablón sobre el que se amaron durante un solo instante, un suspiro en la vida eterna del callejón.



Meneame
del.icio.us
Hay muchos callejones sin nombre. Allí donde dos se aman hoy se amaron muchos otros en tiempos pasados, y otros tantos vendrán a hacer lo mismo en el mañana. El amor no tiene tiempo, y las calles como las de tu relato guardan tanto en sus paredes calladas que difícilmente logremos sospechar la mitad de sus secretos.
Bonito relato. Felicidades.
swan — 30-10-2007 - 13:56:37 GMT 1