Relato Corto
El silencio de la noche, magnificaba todos mis sentimientos. En la oscuridad, mi vista podía distinguir pequeños seres alados que revoloteaban a mi alrededor, tan típicos del verano. Sus picaduras me acompañaban cada noche en mi habitación.
Salí al balcón, para respirar algo de aire fresco. El jazmín del patio traía hacia mi, la fragancia mas dulce que uno puede oler en una noche de verano andaluza. Sus pequeñas flores blancas, tan delicadas y que tanto me gustan, las plantamos juntos una noche, hace ya muchos años. Decían los vecinos, que era bueno plantarlos durante una noche de luna llena, y pese a no confiar en aquel entonces en los dichos de los ancianos, así lo hicimos. Algo bueno debimos hacer, porque tras tantos años, y pese a mis pésimos y pocos cuidados, seguía manteniéndose vivo, como un fijo reflejo de nuestro amor.
No me he equivocado, no. He dicho mis. A ella la perdí hace ya muchos años. Pese a su triste perdida, lo que me une a ella se mantiene tan vivo o mas que el jazmín que adorna el patio delantero de mi casa. Ese fino hilo rojo, que nos mantuvo unidos desde antes de conocernos, sigue presente hoy en día, esperando el momento en que nos volvamos a unir.
Una pareja de jóvenes se esconden de las miradas furtivas tras la esquina. No los llego a ver, pero los puedo llegar a oír, incluso puedo llegar a imaginarmelos. Ella con la espalda en la pared, el susurrandole al oído cuanto la quiere, mientras con sus manos explora su cuerpo. Sus manos acarician su cintura, para pasar suavemente bajo su camiseta buscando sus emociones. Que bonita es la juventud, y cuanto me recuerdan a nosotros mismos.
Ella no volverá, pero yo hice la promesa de buscarla, y se que pronto nos encontraremos. Por eso, mi corazón, su corazón, late con mas fuerza que nunca, como si supiese que por fin, tras tantos errores, tras tantos altos en el camino, volveremos a estar juntos.


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